lunes, 7 de noviembre de 2011

“El problema de la energía eólica es que tiene fama de cara”


Según el responsable de energías renovables de Greenpeace, Sven Teske, la producción de electricidad en las centrales térmicas europeas ya es más cara que la generada por renovables. Como parte de su gira por América Latina, Teske presentó en septiembre en Buenos Aires el plan de la organización ecologista para reducir en un 80% las emisiones de CO2, un objetivo que creen alcanzable en 2050 si las renovables se convierten en las protagonistas de la nueva matriz energética global.
- Según muchos ecologistas, los políticos están en falta con el desarrollo de las energías renovables, ¿en qué medida dilatan los gobernantes sus decisiones porque carecen de los incentivos necesarios para apostar por alternativas a los hidrocarburos?
-La mejor manera de comenzar un mercado de energías renovables es con un enfoque de abajo hacia arriba. En muchos países, los agricultores juegan un papel fundamental en el desarrollo de estas energías. Son los que pueden cosechar el viento de sus campos, el sol de sus tejados, y los restos de su producción agrícola, transformable en biogas. Las regulaciones que se apoyen en proyectos comarcales son las que permitirán esquemas nacionales. Si se hace así, los políticos entenderán que pueden sacar ventaja en las próximas elecciones si apuestan por las renovables. Los enfoques de arriba hacia abajo no funcionan, siempre es al revés.

La Argentina tiene un gran potencial para la energía eólica en los campos. Allí hay mucho viento que se puede usar para producir energía sin dejar de lado la producción agropecuaria. Un enfoque de abajo hacia arriba fomentaría las inversiones en esas zonas para que los políticos se involucren luego en el tema en un nivel nacional.

Si es tan conveniente, ¿por qué no lo están haciendo los productores agropecuarios argentinos?
- El problema es que la energía solar y la eólica tienen fama de caras. Ya no es así, pero esa es la reputación. El gas es más caro cada año. Las centrales térmicas hace tiempo que dejaron de reducir su costo de construcción porque están en su última fase de desarrollo. Sin embargo, el precio de la energía eólica sigue reduciéndose año tras año. Con la solar, igual: el equipamiento cuesta hoy la mitad que hace doce meses.

Italia se convirtió en el primer país de Europa donde es más barato producir tu propia energía solar que comprarla en la red tradicional. Por eso están creciendo tan rápidamente los mercados de energía renovable. Pero en países como la Argentina aún tienen la reputación de ser caras.


- ¿Es sólo reputación o es verdad que estas energías son más caras en las economías emergentes?

- En algunos países en desarrollo es cierto que son más caras porque no hay un mercado. Pero una vez que entran más jugadores, el precio cae automáticamente. En China, doblaron la capacidad en molinos cada año desde 2002 y, sólo el año pasado, añadieron 18 mil megavatios en eólica. En un año y medio, China desarrolla lo que toda la Argentina necesitaría.


- ¿Cómo piensan en Greenpeace que se va a desarrollar ese mercado que baje costos?

- Nuestra sugerencia es que Argentina tenga una ley de energías renovables que garantice un precio por kilowatio a los productores. Esto no implicaría casi costos extras y, de haberlos, serían compartidos por todos los consumidores. Gracias a eso sería independiente del presupuesto. Este esquema del precio garantizado permite que los productores agropecuarios y los hombres de negocios financien con créditos los parques eólicos o de placas solares. 



- En la Argentina, el Gobierno paga para abaratar la factura de electricidad, ¿por qué iban a hacerla más cara para garantizar ese precio al productor de renovables?


- En muchos países emergentes se subsidia la producción de electricidad para que el consumidor tenga un acceso más barato a la energía, pero sería mejor subsidiar directamente a esas personas que pueden necesitarlo, para que ellos paguen con ese dinero la factura. De la otra forma, al subsidiar la producción se eliminan los incentivos que podría tener el productor para reducir el coste.

- El otro problema de las renovables es el almacenamiento de la energía…

- No es problema mientras se combinen varias. No creemos que haya que depender sólo del viento sino de una combinación que incluya un mecanismo de predicciones.
En Europa, se sabe cuánta energía habrá en la red en las próximas 24 o 48 horas gracias a las predicciones meteorológicas del viento. Por otro lado, tienen los datos históricos de consumo para saber cuánto demandará la gente en 2 o 3 días. Si añadís a la energía eólica y solar las represas, la bioenergía y la geotermal, tenés un mix de fuentes renovables que te aseguran el suministro.
En Dinamarca hace muchos años que lo hacen y hoy tienen más del 20% del suministro garantizado por energía eólica. En comparación con la Argentina, Dinamarca es minúscula. Cuando no sopla el viento, no sopla en casi ninguna parte del país. En la Argentina, la probabilidad de que no haya viento en ninguna parte del país es mucho menor.

- Esa diferencia en el desarrollo energético danés y argentino, ¿es cultural o económica?
- El problema principal para iniciar un mercado de energías renovables es que los proveedores tradicionales de electricidad no quieren cambiar. El primer paso para lograrlo es hacer que estas empresas tengan la voluntad de cambiar. No hay barreras técnicas ni financieras, pero hace falta que los gobernantes quieran hacerlo y que las generadoras de electricidad se comprometan.
El problema de la Argentina es que no hay una política energética sostenible a largo plazo. Para Dinamarca, la principal motivación para lograrlo fue que querían ser independientes de los combustibles fósiles. En gran medida, lo lograron.
Fuente: iEco (nota completa + video)

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