viernes 29 de enero de 2010

Claves para ahorrar energía

Empresarios de la industria electrónica recomendaron regular el aire acondicionado en 24 grados, evitar abrir seguido la puerta de la heladera, aprovechar al máximo la luz natural y desenchufar televisores, planchas y monitores que no estén en uso, para colaborar con el uso racional y el ahorro de energía.
Los consejos los realizó el gerente de la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas, Luminotécnicas, Telecomunicaciones, Informática y Control Automático (CADEIEEL), Claudio Kramer, en el marco de la fuerte ola de calor que vive gran parte del país.
Kramer explicó que "toda la energía que no se usa redunda en beneficio para el medio ambiente" y que por eso es importante tener en cuenta algunos "consejos para que podamos colaborar con el uso racional y el ahorro".
Recomendó regular el equipo de aire acondicionado en 24 grados y cuando se ingresa a un ambiente que se pretende climatizar esperar "menos de 5 minutos" para enfriarlo en vez de bajar la temperatura.
Para que el ambiente se mantenga climatizado recomendó "mantener las puertas y las ventanas cerradas" y "limpiar los filtros por lo menos una vez al mes, para que el equipo no haga trabajo en exceso y enfríe correctamente".
Este trabajo se realiza en forma casera, sin recurrir a un técnico especializado, y consiste en extraer el filtro, lavarlo y volver a colocarlo, según explicó.
En cuanto al uso de la heladera, Kramer pidió tener en cuenta que cuando se abre y se cierra muchas veces, ingresa más humedad, lo que hace que se forme una capa de hielo que hace de aislante".
Con esta capa aislante "se puede ir un 30 por ciento del consumo de la heladera", advirtió el especialista.
Otra recomendación es graduar la heladera en 6 grados para la refrigeración y en 18 para congelación; tener la puerta bien cerrada y los burletes en condiciones; dejar espacio entre la pared y la heladera y controlar la etiqueta de eficiencia electrónica.
Respecto del uso de las luces, recomendó "aprovechar al máximo la luz solar y tratar de evitar tener las persianas cerradas".
Para cuando falta usar luz artificial, pidió utilizar lámparas de bajo consumo, dado que "la lámpara incandescente traduce en calor el 80 por ciento de lo que consume".
"Las lámparas de bajo consumo van a entregar al ambiente menor calor", agregó Kramer.
Otras recomendaciones fueron "no dejar el TV prendido, porque genera calor y consume electricidad", al igual que las planchas de ropa y de cabello.
Al respecto, alertó que dejar en stand by un televisor o un monitor de PC "consume casi lo mismo que dejar prendida una lámpara incandescente de 75 vatios durante toda la noche".

domingo 27 de diciembre de 2009

Campaña Pepsi "Por favor recicla"







miércoles 23 de diciembre de 2009

Felices Fiestas

domingo 13 de diciembre de 2009

Árbol de Navidad Ecológico confeccionado con material reciclado

En Bahía Blanca, una interesante propuesta para esta Navidad.

Está ubicado en la Plaza Rivadavia en proximidades del Palacio Municipal,en una labor conjunta con la firma Coca Cola Polar Argentina.
"En la Plaza Rivadavia, en proximidades del Palacio Municipal y mediante un convenio con la Empresa Coca Cola Polar Argentina S.A., personal de esa firma está procediendo al armado del árbol de navidad, con material reciclado" indicó el Subsecretario de Medio Ambiente lic. Sergio Montero.
"Esta iniciativa se lleva a cabo en el marco de Responsabilidad Social Empresaria, y cabe destacar que está hecho integramente de material plástico reciclado, con tapitas, restos de botellas y tiene una altura de 7 metros por 5 metros de diámetro".
Montero indicó que "la estrella que va a colocarse en la parte superior, está confeccionada con tapitas de gaseosas ".
"La propuesta es continuar apostando a la concientización de los niños y el 19 de diciembre se ha programado una actividad en la que todos los hicos podrán acercarse, dejar sus cartas para Papa Noel y se colocarán cestos para depositar botellas de plástico".
Por su parte el Director de Paseos Públicos Marcelo Caramelli señaló que "el 7 de enero, cuando finalice esta actividad, la empresa entregará juegos infantiles realizados con material reciclado, para ser colocado en un espacio público de la ciudad".
También manifestó que "esta noche se probarán las luces y mañana seguramente va a estar totalmente armado".

Fuente: 0291.com.ar

miércoles 2 de diciembre de 2009

Campaña Greenpeace: "líderes mundiales envejecidos 10 años"




España — Los fotomontajes (1) han sido realizados por Greenpeace y la coalición global tcktcktck.org como parte de su campaña para asegurar un acuerdo justo, ambicioso y vinculante en la Cumbre climática de Copenhague que se celebrará a partir del 7 de diciembre

Los viajeros que lleguen al aeropuerto de Copenhague desde hoy serán recibidos con carteles de los líderes mundiales disculpándose por su fracaso a la hora de detener el cambio climático y cambiar el futuro. Sus rostros “envejecidos” 10 años en una simulación fotográfica lucen en grandes paneles publicitarios desplegados por el aeropuerto de Copenhague.

Pueden verse imágenes de José Luis Rodríguez Zapatero, Barack Obama, Nicolas Sarkosy y otros jefes de Estado (2) tal y como se verían en 2020. Las imágenes van acompañadas de la siguiente leyenda: “Lo siento. Podríamos haber detenido un cambio climático catastrófico... pero no lo hicimos”. En los anuncios también se lanza un reto: “Actúa ahora: cambia el futuro”.

El aeropuerto recibirá a los miles de delegados, prensa y políticos que acudirán a la ciudad danesa para decidir el destino del clima.

“Si los líderes como Zapatero, Obama, Merkel y Brown no llevan a esta cumbre la voluntad de conseguir un acuerdo ambicioso contra el cambio climático, su legado será de hambrunas, migraciones masivas y miseria. Si esto pasa, las disculpas no serán suficientes” ha declarado Kumi Naidoo, Director de Greenpeace Internacional y miembro del Consejo de tcktcktck.org

“Ha llegado el momento de actuar para salvar nuestro futuro. Ni el próximo año ni el siguiente. Si queremos tener una oportunidad para detener el caos climático, las emisiones globales deben alcanzar su pico máximo en 2015”, ha declarado Juan López de Uralde, Director de Greenpeace España.

El éxito en Copenhague requerirá una acuerdo justo, vinculante y ambicioso que incluya:

- Un compromiso de los países industrializados para recortar sus emisiones en un 40% en 2020 (con respecto a los niveles de 1990).
- Un plan para acabar con la deforestación de los grandes bosques tropicales en 2020.
- Un mínimo de "110.000 millones de euros al año" para financiar actuaciones contra el cambio climático en los países en desarrollo.

“No pueden rehuir nuestro mensaje. Desde el momento que se presenten en la Cumbre hasta el final nos aseguraremos que todos los presentes conozcan las demandas necesarias para el planeta. Depende de ellos, especialmente del presidente Obama dejar de hablar y pasar a la acción” añadió López de Uralde.

También en Copenhague, jóvenes activistas de Greenpeace están retando a los líderes mundiales a emprender acciones urgentes contra el cambio climático. 44 activistas de 16 países (3) participan en una vigilia en el centro de la ciudad. Entre ellos se encuentran dos españoles pertenecientes a la Red de Jóvenes de Greenpeace España.

Brinkley Hutching, activista de 20 años de la Universidad de Alabama de North Carolina declaró: “Nuestra generación demanda que el Presidente Barack Obama asuma la responsabilidad de liderar la consecución de un acuerdo justo, ambicioso y vinculante en Copenhague. Como una generación marcada por la supervivencia, los jóvenes no esperamos nada menos”.

domingo 29 de noviembre de 2009

Cinco mitos sobre agrocombustibles

Nunca la investigación sobre nuevas fuentes de energía pareció tan urgente. El petróleo, el carbón y el gas contribuyen al recalentamiento del planeta. Además, se estima que las reservas de combustibles fósiles sólo durarán unos cuarenta o cincuenta años. Aun si fuese algo más, el problema de la energía del futuro no quedaría resuelto. Y aunque los precios del petróleo no cesan de aumentar; ¿cómo prescindir de él?

Biocombustibles... La palabra evoca la imagen favorable de una energía renovable, limpia e inagotable, una confianza en la tecnología y en el poder de un progreso compatible con una protección duradera del medio ambiente. El término permite a la industria, a los hombres y mujeres políticos, al Banco Mundial (BM), a Naciones Unidas (ONU) e incluso al Grupo Intergubernamental sobre la Evolución del Clima (GIEC) presentar los combustibles fabricados a partir del maíz, de la caña de azúcar, de la soja y de otros cultivos como la próxima etapa de una lenta transición, que parte desde el pico de la producción petrolera para llegar a una economía energética basada en recursos renovables que todavía no ha sido definida.

Desde ya, los programas son ambiciosos. En Europa se prevé que los combustibles provenientes de la biomasa cubran un 5,75% de los combustibles para transporte terrestre en 2010, y un 20% en 2020. Estados Unidos apunta a 35.000 millones de galones por año. Estos objetivos exceden por mucho la capacidad de producción de la agricultura de los países industrializados del hemisferio norte. Europa debería movilizar el 70% de sus tierras cultivables para mantener ese compromiso; la totalidad de la cosecha de maíz y soja de Estados Unidos debería ser transformada en etanol o biodiésel. Semejante conversión pondría patas arriba el sistema alimentario de las naciones del Norte. Es por ello que los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) miran al hemisferio sur para cubrir sus necesidades.

Indonesia y Malasia incrementan rápidamente sus plantaciones de palma aceitera para poder abastecer al mercado europeo de biodiésel en un 20%. En Brasil -donde la superficie de tierras cultivables dedicada a los cultivos para combustibles ocupa ya un territorio del tamaño de los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y Gran Bretaña juntos-, el gobierno prevé multiplicar por cinco la superficie dedicada a la caña de azúcar. Su objetivo es reemplazar el 10% del consumo mundial de nafta de aquí a 2025.

La rapidez con que se opera la movilización de los capitales y la concentración de poder en la industria de los agrocombustibles es asombrosa. En los últimos tres años, se multiplicaron por ocho las inversiones de capital riesgo en el sector. Los financiamientos privados inundan las instituciones públicas de investigación, como lo comprueban los 500 millones de dólares en subvenciones otorgados por British Petroleum (BP) a la Universidad de California. Los grandes grupos petroleros, cerealeros, automotores y de ingeniería genética firman poderosos acuerdos societarios: Archer Daniela Midland Company (ADM) y Monsanto; Chevron y Volkswagen; BP, DuPont y Toyota. Estas multinacionales intentan concentrar sus actividades de investigación, producción, transformación y distribución de nuestros sistemas alimentarios y de abastecimiento en combustibles. Razón de más para sacar a la luz, antes de subirse al tren en marcha, los mitos que subyacen en la transición hacia los agrocombustibles.

Mito nº 1

Los agrocombustibles son limpios y protegen el medio ambiente

Porque la fotosíntesis que participa en estos cultivos sustrae de la atmósfera gases con efecto invernadero, y porque los agrocombustibles pueden reducir el consumo de energía fósil, se asegura que protegen el medio ambiente. Cuando se analiza su impacto "de la cuna a la tumba" -desde la roturación del terreno a su utilización en el transporte terrestre-, las limitadas reducciones en las emisiones de gases con efecto invernadero se anulan con aquellas, mucho más importantes, que originan la deforestación, los incendios, el drenaje de las zonas húmedas, las prácticas culturales y la pérdida de carbono de los suelos. Cada tonelada de aceite de palma emite tanto o más gas carbónico que el petróleo. El etanol producido a partir de la caña de azúcar cultivada en selvas tropicales desmontadas emite un 50% más gases con efecto invernadero que la producción y la utilización de la cantidad equivalente de nafta. Cuando comenta el equilibrio planetario del carbono, Doug Parr, jefe científico de Greenpeace, declara categóricamente: "Si se produce sólo el 5% de los biocombustibles destruyendo bosques primarios que todavía existen, se pierde todo lo ganado sobre el carbono".

Los cultivos industriales destinados a los combustibles necesitan enormes esparcimientos de abonos producidos a partir del petróleo, cuyo consumo mundial -actualmente, 45 millones de toneladas por año- más que duplicó el nivel de nitrógeno biológicamente disponible en el planeta. Así, el fertilizante contribuyó en gran medida con las emisiones de óxido nitroso, un gas con efecto invernadero cuyo potencial de recalentamiento global es 300 veces más elevado que el del dióxido de carbono. En las regiones tropicales -de donde saldrán muy pronto la mayor parte de los agrocombustibles-, los abonos químicos tienen entre 10 y 100 veces más efecto sobre el recalentamiento planetario que en las regiones templadas.

Producir un litro de etanol requiere tres a cinco litros de agua de riego y produce hasta 13 litros de aguas residuales. Se necesita el equivalente energético de 113 litros de gas natural para tratar estas aguas residuales, lo que aumenta la probabilidad de que sean liberadas en el medio ambiente, contaminando así los ríos y las napas freáticas. La intensificación de los cultivos energéticos para combustibles también tiene por consecuencia el agravamiento del ritmo de erosión de los suelos, en particular en el caso de la producción de soja (6,5 toneladas por hectárea por año en Estados Unidos, hasta 12 en Brasil y Argentina).

Mito nº 2

Los agrocombustibles no implican deforestación

Sus promotores sostienen que los cultivos efectuados en tierras ecológicamente degradadas mejoran el medio ambiente. Quizá el gobierno brasileño tuviera este dato en mente cuando clasificó alrededor de 200 millones de hectáreas de selvas tropófilas, praderas y pantanos como "tierras degradadas" y aptas para el cultivo. En realidad, se trataba de ecosistemas de una gran biodiversidad en las regiones de la Mata Atlántica, del Cerrado y del Pantanal, ocupadas por poblaciones indígenas, campesinos pobres y grandes explotaciones de pastoreo extensivo de bovinos.

La introducción de cultivos destinados a los agrocombustibles simplemente tendrá como resultado la expulsión de estas comunidades hacia la "frontera agrícola" del Amazonas, allí donde los modos devastadores de desmonte son bien conocidos. La soja provee el 40% de los agrocombustibles de Brasil: según la National Aeronautics and Space Administration (NASA), cuanto más sube el precio de la soja más se acelera la destrucción de la selva húmeda del Amazonas (325.000 hectáreas por año, al ritmo actual).

En Indonesia, las plantaciones de palma aceitera destinadas a la producción de biodiésel -llamado "diésel de la deforestación"- son la causa principal de la retracción de la selva. Hacia 2020, estas superficies se habrán triplicado y alcanzarán las 16,5 millones de hectáreas (Inglaterra y Holanda juntas), con una pérdida del 98% de la densidad selvática como resultado. La vecina Malasia, primer productor mundial de aceite de palma, ya perdió el 87% de sus selvas tropicales y sigue desmontándolas a un ritmo del 7% anual.

Mito nº 3

Los agrocombustibles permitirán el desarrollo rural

En los trópicos, 100 hectáreas dedicadas a la agricultura familiar crean 35 empleos. La palma aceitera y la caña de azúcar crean diez, los eucaliptos dos, la soja apenas uno y medio. Hasta hace poco tiempo, los agrocombustibles abastecían mercados locales y subregionales. Incluso en Estados Unidos, la mayoría de las fábricas de producción de etanol, de un tamaño relativamente modesto, pertenecían a los agricultores. El boom actual hace que la gran industria entre en juego, creando economías de escala gigantesca y centralizando la explotación.

Los grupos petroleros, cerealeros y de cultivos transgénicos refuerzan su presencia en toda la cadena de valor agregado de los agrocombustibles. Cargill y ADM controlan el 65% del mercado mundial de cereales; Monsanto y Sygenta dominan el mercado de los productos genéticamente modificados. Para sus semillas, sus inputs, sus servicios, la transformación y la venta de sus productos, los campesinos que producen para los agrocombustibles dependerán cada vez más de un acuerdo entre empresas fuertemente organizadas. Es muy poco probable que obtengan algún beneficio de dicho arreglo. Resulta más verosímil que los pequeños productores agrícolas sean expulsados del mercado y de sus tierras. Cientos de miles ya han sido desplazados en la "República de la soja", una región de más de 50 millones de hectáreas que cubre el sur de Brasil, el norte de Argentina, Paraguay y el este de Bolivia.

Mito nº 4

Los agrocombustibles no causarán hambre

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), hay suficiente cantidad de alimento en el mundo como para alimentar a todos sus habitantes con una ración diaria de 2.200 calorías, bajo la forma de frutos frescos y secos, legumbres, lácteos y carne. Sin embargo, por ser pobres, 824 millones de personas siguen sufriendo de hambre. Ahora bien, la transición anunciada pone a competir la producción alimentaria con la de combustibles en el acceso a la tierra, al agua y a los recursos. Un ejemplo concreto de esa situación se da actualmente en México. Como sus barreras aduaneras fueron desmanteladas en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), México importa hoy en día el 30% de su maíz de Estados Unidos. La creciente demanda de etanol en este último país provocó una enorme presión en el precio del cereal, que en febrero de 2007 subió a su nivel más alto de los últimos diez años y provocó un aumento dramático en el precio de la tortilla, un alimento básico. Enfrentado a las manifestaciones de descontento de una población pobre golpeada en el estómago, el gobierno de Felipe Calderón, tras una reunión con las multinacionales de la industrialización y distribución de cereales, debió limitar el aumento del precio de la tortilla a un 40% hasta el próximo mes de agosto.

Aprovechando la coyuntura, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) publicó una serie de "estudios" que afirmaban que la salida de la crisis, para México, pasaba por la producción de maíz para agrocombustibles, y que "este maíz debe ser transgénico".

A escala planetaria, la gente más pobre ya gasta entre un 50 y un 80% de sus ingresos familiares en alimentación. Sufren cuando los altos precios de los cultivos para combustibles hacen subir el precio de los alimentos. El International Food Policy Research Institute (Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias, IFPRI) de Washington estimó que el precio de los alimentos básicos aumentará entre un 20 y un 33% en 2010, y entre un 26 y un 135% en 2020. Ahora bien, con cada aumento del 1% en el precio del alimento, 16 millones de personas caen en la inseguridad alimentaria. Si la tendencia actual continúa, 1.200 millones de habitantes podrían sufrir hambre de manera crónica para 2025. En este caso, la ayuda alimentaria internacional probablemente no será de gran utilidad, ya que nuestros excedentes agrícolas irán... a las reservas de nafta.

Mito nº 5

Los agrocombustibles "de segunda generación" están al alcance de la mano

A los promotores de los agrocombustibles les gusta tranquilizar a los escépticos afirmando que los combustibles que hoy en día se producen en base a cultivos alimenticios muy pronto serán reemplazados por otros más compatibles con el medio ambiente, como árboles de crecimiento rápido y el panicum virgatum (una gramínea que crece en matas y cuyo follaje llega a 1,80 metros de altura). Esto les permite hacer más aceptables los agrocombustibles de primera generación.

Saber cuáles son los cultivos que serán transformados en combustible no es pertinente. Las plantas salvajes no tendrán una menor "impronta ambiental", pues su comercialización transformará su ecología. Cultivadas de manera intensiva, rápidamente migrarán de los setos de arbustos y terrenos arbolados hacia tierras cultivables, con las consecuencias ambientales asociadas a ello.

La industria apunta a producir plantas celulósicas, genéticamente modificadas -en particular árboles de crecimiento rápido-, que se descompongan fácilmente para liberar azúcares. Teniendo en cuenta la proclividad a la diseminación ya demostrada por los cultivos genéticamente modificados, pueden esperarse enormes contaminaciones.

Toda tecnología cuyo potencial permita evitar los peores impactos del cambio climático debe ser comercializada a gran escala en los próximos 5 a 8 años. Una perspectiva muy poco probable en el caso del etanol extraído de la celulosa, producto que, hasta el presente, no implicó ninguna reducción en la emisión de carbono. La industria de los agrocombustibles está apostando a milagros.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que, en los próximos 23 años, el mundo podría producir hasta 147 millones de toneladas de agrocombustibles. Semejante volumen estará acompañado por mucho carbono, óxido nitroso, erosión, y por más de 2.000 millones de toneladas de aguas residuales. Por sorprendente que esto parezca, dicha producción sólo compensará el incremento anual de la demanda mundial de petróleo, actualmente estimada en 136 millones de toneladas por año. ¿Vale la pena?

Para las grandes empresas cerealeras, desde luego que sí. Se llamen ADM, Cargill o Bunge, son los pilares de la industria agroalimentaria. Ellas mismas están rodeadas de una cohorte muy poderosa de transformadores de materias primas, de distribuidores asociados por un lado a cadenas de supermercados y por otro a empresas agroquímicas, de semillas y de maquinaria agrícola. De cada cinco dólares que se consumen en alimento, cuatro corresponden a la actividad de estas empresas en su conjunto. Ahora bien, después de cierto tiempo, la parte de producción sufrió una "involución": como las cantidades crecientes de inversiones (inputs químicos, ingeniería genética y maquinaria) no redituaron en un aumento de las tasas de productividad de la agricultura, el complejo agroalimentario debe gastar más para cosechar menos.

Los agrocombustibles son la respuesta perfecta a esta involución. Subvencionados y en etapa de crecimiento, cuando el petróleo retrocede, facilitan la concentración en manos de los actores más poderosos de las industrias alimentaria y energética.

Desgraciadamente, la transición hacia los agrocombustibles padece una tara congénita: éstos entran en competencia con los alimentos por las tierras, el agua y los recursos. Desarrollados en extremo, serán utilizados para producir... agrocombustibles. Una propuesta patética desde el punto de vista termodinámico. "Renovable", en efecto, no quiere decir "sin límites". Incluso si los cultivos pueden volver a plantarse, la tierra, el agua y los nutrientes siguen siendo limitados.

De hecho, el atractivo de estos biocombustibles reside en su potencial de prolongar la economía basada en el petróleo. Con una estimación de un billón de barriles de reservas mundiales restantes de petróleo convencional, un barril de petróleo a 100 dólares no es una realidad muy lejana 16. Y cuanto más alto sea el precio del petróleo, más podrá subir el precio del etanol y seguir siendo competitivo. Por otra parte, es allí donde reside la contradicción para los agrocombustibles de segunda generación: a medida que los hidrocarburos se vuelven más caros, los agrocombustibles de primera generación se vuelven más rentables, desalentando así la inversión en el desarrollo de las generaciones que podrían seguir. Si el petróleo llega a los 80 dólares por barril, los productores de etanol pueden permitirse pagar más de 5 dólares por celemín (alrededor de 127 kg) de maíz, volviéndolo competitivo incluso frente a la caña de azúcar. La crisis energética mundial es potencialmente un premio de entre 80 y 100 billones de dólares para los grupos alimentarios y petroleros. No es sorprendente que no estemos invitados ni incitados a terminar con nuestros hábitos de "sobreconsumo".

La transición hacia los agrocombustibles no tiene nada de inevitable. Ya se han puesto en práctica muchas alternativas locales, conducidas con éxito en el terreno, al mismo tiempo eficaces a nivel energético y centradas en las necesidades de los habitantes, para producir alimento y energía sin amenazar al medio ambiente ni los medios de existencia. Deben asignarse límites -y no subvenciones- a la industria de los agrocombustibles. Sería inaceptable que los países del norte tiraran el fardo de su sobreconsumo hacia el sur del planeta, simplemente porque los países intertropicales gozan de más sol, lluvias y tierras cultivables. Es indispensable una moratoria mundial proactiva sobre el desarrollo de los agrocombustibles; es tiempo de concebir estructuras de regulación y de instaurar programas que permitan la preservación de los recursos. Hay que tomarse el tiempo de establecer una transición mejor; una transición agraria hacia la soberanía alimentaria y energética.

Fuente: Le Monde Diplomatique

domingo 15 de noviembre de 2009

La provincia de Santa Fe prohibe por ley exportar agua

SANTA FE.- Por unanimidad la Cámara de Senadores de Santa Fe sancionó una ley que establece una prohibición para la “comercialización de agua dulce o potable a granel y sin tratamiento o proceso de ningún tipo, obtenida de fuentes agotables superficiales o subterráneas”, y que sean “del dominio originario de la provincia”. La iniciativa se sustenta en el “artículo 124 de la Constitución Nacional, que implique directa o indirectamente su exportación”.

No obstante, se prevén dos excepciones: “razones humanitarias o de emergencia” y “ejecución de convenios suscriptos con la Nación, con otras provincias, regiones, estados u organismos internacionales”. El autor del proyecto, el senador justicialista Ricardo Kaufmann, consideró que en el texto aprobado –que se votó en noviembre del año pasado en la Cámara alta y luego fue modificado por Diputados– se hicieron algunos cambios que ablandaron la norma, pero aclaró que es mejor tener una ley a no tenerla.

“De alguna manera, la modificación introducida en el artículo 1º está cercenando la extensión que nosotros le habíamos dado en el proyecto, que establecía «prohibir la comercialización de todo tipo de agua dulce o potable, superficial o subterránea», reduciéndola sólo a «agua dulce o potable, superficial o subterránea, que se exporte a granel y sin tratamiento o proceso de ningún tipo»”, manifestó el senador del departamento de Garay.

Con respecto a las excepciones, en la ley se especifica que deberán “contener, como mínimo y sin perjuicio de los demás recaudos que se establecerán por vía reglamentaria, la expresión de volumen, estado y demás características del agua que se intenta comercializar, los motivos por los cuales se pretende hacerlo, el destino, la identificación de la fuente de la cual se extraerá, los medios que se utilizarán para la extracción y la acreditación de la inexistencia o inocuidad de perjuicios para el ambiente, a través de un estudio y evaluación del impacto ambiental”.

Sin embargo, recién evaluadas esas condiciones por la autoridad de aplicación –que será el Ministerio de Aguas, Servicios Públicos y Medio Ambiente de Santa Fe– y si se considerara viable la pretensión, se elevará la solicitud al Poder Ejecutivo para su autorización y se remitirán los antecedentes a la Legislatura, para su conocimiento.

Kaufmann señaló además que se trata del primer régimen legal en esta materia aprobado en el país y que otras provincias argentinas, como el caso de la vecina Entre Ríos, aguardaban su sanción a los fines de equiparar su legislación.

Fuente: Notiexpress