Mostrando las entradas con la etiqueta Reciclar. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Reciclar. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de septiembre de 2011

Reciclado en Argentina

Reciclado en Argentina: más de la mitad de los consumidores no saben cómo hacerlo

Según un informe de TNS Gallup sobre reciclado y separación de residuos, una alta proporción de la población, un 53%, sabe poco o nada sobre los temas vinculados al tratamiento, la separación y el reciclado de basura.
Por su parte, 6 de cada 10 argentinos manifiestan estar muy o bastante interesados en recibir información sobre estos temas.
Sólo dos de cada 10 argentinos declaran tener el hábito regular de separar la basura entre reciclables y no reciclables y organizarla en bolsas separadas.
La gran mayoría de los entrevistados (cerca de 9 de cada 10) afirma que es muy o bastante importante que los ciudadanos clasifiquen y separen la basura en reciclable y no reciclable.
El no recolectar los residuos de manera separada es la principal razón por la que los ciudadanos señalan no separar la basura regularmente.
Analizando los resultados de la encuesta Ricardo Manuel Hermelo, Director de Opinión Pública de TNS Gallup, comentó:
"El estudio muestra que una parte importante de la población todavía no sabe lo suficiente sobre el reciclado y la separación de la basura. No obstante, hay interés en recibir información sobre el tema.
La principal barrera para que los ciudadanos separen la basura es la inexistencia de un sistema apropiado para la recolección separada de residuos. Educar, pero también tener políticas claras es la base para un cambio de tendencia."
Conocimiento sobre el tratamiento de la basura: que sí y que no...
Al consultarle a los argentinos acerca de cuánto saben acerca del tratamiento de la basura, se obtienen opiniones divididas entre quienes afirman que saben mucho o bastante (45%) y quienes afirman que saben poco o nada sobre el tema (53%).
El conocimiento sobre el tema presenta algunas diferencias por estratos sociodemográficos.
La segmentación
Así, la proporción de quienes dicen saber mucho o bastante sobre el tratamiento de la basura crece a mayor educación (61% entre universitarios vs. 42% en los entrevistados con educación primaria) y nivel socioeconómico (58% en la clase alta vs. 43% en la clase baja).
También se observan algunas diferencias por zonas de residencia, la idea de que se sabe mucho o bastante sobre el tema es algo mayor entre los residentes en el Gran Buenos Aires (49% vs. 45% en el Interior del país y 42% en la Capital Federal).
Seis de cada 10 argentinos (el 65%) declaran estar muy o bastante interesados en recibir información sobre el reciclado, separación y tratamiento de la basura, mientras que 3 de cada 10 (el 33%) dicen estar poco o nada interesados en recibir información sobre este tema.
Los perfiles interesados
El interés en recibir este tipo de información crece entre las mujeres (70% vs 58% en los hombres), los universitarios (75% vs 63% entre primarios), la clase alta (71% vs 58% en clase baja), y en el GBA y el Interior (65% vs 54% en Capital Federal).
En los hechos
En cuanto a la acción de separar la basura entre reciclables y no reciclables y organizarla en bolsas separadas, 2 de cada 10 argentinos dicen que lo hacen regularmente (21%), otros 2 de cada 10 declaran que lo hicieron alguna vez (18%), 3 de cada 10 manifiestan que lo pensaron pero que nunca lo hicieron (29%) y otros 3 de cada 10 dicen que nunca lo hicieron ni pensaron hacerlo (31%).
Dos de cada 10 personas declaran separar la basura entre reciclable y no reciclable.
La práctica del reciclado
Los hábitos regulares de reciclado de residuos (aquellos que lo hacen regularmente) crecen entre las mujeres (23% vs 18% en los hombres), los mayores de 65 años (24% vs 18% en los más jóvenes), los universitarios (32% vs 19% en los primarios), la clase alta (40% vs 18% en la clase baja), y en el GBA (23% vs 21% en el Interior y 17% en Capital Federal).
Los que aún no incursionaron
Por otro lado, la proporción de quienes nunca lo hicieron ni pensaron hacerlo crece en los hombres (34% vs 28% en las mujeres), los entrevistados con educación primaria (37% vs 16% en los universitarios) y la clase baja (37% vs 11% en la clase alta).
Las dificultades y las oportunidades
Al indagar sobre la importancia que se le asigna al tema de la clasificación y separación de la basura en reciclable y no reciclable, la gran mayoría de los argentinos opina que es muy o bastante importante que la gente lo haga (86%), mientras que sólo 1 de cada 10 cree que es poco o nada importante que se haga (11%) y un 3% no responde.
La valoración 
La importancia que se le atribuye a la clasificación y separación de los residuos crece entre las mujeres (87% vs. 84% en los hombres), en los universitarios (94% vs. 85% en los entrevistados con educación primaria), en la clase alta (95% vs. 84% en la clase baja) y en el GBA e Interior del país (88% y 87%, respectivamente vs. 71% en la Capital Federal).
Las barreras
Entre aquellos que declararon no separar la basura regularmente, se indagó acerca de las razones que tenían para no hacerlo.
En este sentido, se señaló en primer lugar que la basura no se recolecta en forma separada (30%), en segundo término los entrevistados manifestaron que nadie lo hace y por eso ellos tampoco (17%), un 14% dijo que no se le ocurrió, y un 12% expresó que no hay una directiva clara por parte del gobierno sobre la separación de residuos (12%).
Finalmente un 5% dijo no lo ve necesario.
La no recolección de residuos de manera adecuada es la principal barrera por la que los ciudadanos no separan la basura.
Los que no se enganchan
La idea de que no se separa la basura porque no se recolecta de manera separada es mayoritaria en todos los segmentos sociodemográficos, y es proporcionalmente mayor entre los entrevistados con estudios universitarios (46%) y en la clase alta (57%).
Por zonas de residencia, se advierte una mayor cantidad de menciones en el Interior del país y en el GBA (31% vs 21% en Capital Federal).

Fuente: Infobae Profesional

sábado, 24 de septiembre de 2011

¿Donde reciclo en Argentina?

"Donde Reciclo" es una Asociación Civil que tiene como objetivo principal fomentar y facilitar la separación en origen de los residuos domiciliarios.

Sus acciones se dividen en 2 categorías:

- Online: Su principal herramienta es el buscador de puntos de reciclaje. En este, el usuario puede buscar por categoría y ubicación los puntos de reciclaje que existen en la Argentina. Además de poder buscar, los usuarios pueden cargar aquellos puntos que no están en la base de datos de Donde Reciclo. De esta manera, la cantidad de puntos de reciclaje va aumentando constantemente gracias a la participación de la gente. Es un sistema tipo "wiki" en donde la página se arma entre todos. A su vez, promovemos fuertemente la concientización sobre la problemática de los residuos, basándonos en la estrategia de las 3Rs. A través de contenido multimedia, su objetivo es poder llegar a todos los usuarios de la red.

- Offline: Fuera de lo que es Internet, trabajan en la creación de nuevos puntos de reciclaje. En conjunto con empresas, gobierno y otras organizaciones sociales nos proponemos generar más puntos de recolección, para que la gente tenga más lugares para llevar su basura. Por último, generan proyectos junto a empresas en pos de promover una responsabilidad extendida del productor de parte de estas.



Donde Reciclo.org.ar from Donde Reciclo on Vimeo.

http://www.dondereciclo.org.ar

jueves, 22 de abril de 2010

22 de Abril - "Día de la Tierra"

El Día de la Tierra, 22 de abril, es una celebración anual del medio ambiente que compartimos y el momento de evaluar la labor aún necesaria para proteger los dones naturales de nuestro planeta. El Día de la Tierra no es una fiesta nacional. Si bien no existe una organización central, muchas organizaciones no gubernamentales trabajan para registrar las miles de actividades locales en escuelas y parques que marcan el día. El Día de la Tierra afirma que la conscientización hacia el medio ambiente es parte de la consciencia nacional y que la idea de proteger nuestro entorno, otrora el dominio de unos cuantos conservacionistas, se ha movido desde un extremo hasta la corriente central del pensamiento estadounidense.

Esto, claro está, no siempre fue así. En el Siglo XIX los estadounidenses bendecidos con una tierra vasta y rica en recursos naturales, vivían en la creencia que los campos frescos siempre estarían en el horizonte; cuando se agotara el suelo, o los bosques o el carbón en un lugar determinado podrían mudarse a otro lugar. A medida que la industria floreció a principios del Siglo XX, la gente aceptó sin cuestionar que los cielos se obscurecieran por las emisiones de las chimeneas y los ríos se llenaron de desechos industriales. A mediados de los años treinta, y una vez más en los cincuenta, el Río Cuyohoga de Ohio, que nace en el corazón industrial de los Estados Unidos, se encendió por los desechos químicos de las fábricas construidas a lo largo de sus márgenes. Poca gente siquiera lo notó. No hubo protesta pública.

Durante los años sesenta, la actitud pública empezó a cambiar. En 1962, una bióloga marina llamada Rachel Carzon publicó "Primavera Silente", título que se refería a un futuro sin aves y describía en un lenguaje llano los devastadores efectos a largo plazo de los pesticidas altamente tóxicos y otros agentes químicos empleados comúnmente en la agricultura, la industria y el día a día por millones de estadounidenses. El libro sorpresivamente se ubicó entre los más vendidos. En 1968, los astronautas del Apollo, a su regreso del vuelo pionero orbitando de la luna, fotografiaron por vez primera el planeta Tierra en su totalidad. Esta imagen de la Tierra: pequeña, frágil, hermosa y única, rápidamente quedó impresa en la psique de millones. En 1969, el flujo Industrial en el Río Cuyohoga nuevamente provocó un incendio. Esta vez, la reacción del público fue inmediata e intensa. Los habitantes de Cleveland, Ohio, donde tuvo lugar el incendio, se convirtieron en el hazmereír, y la canción satírica "Burn On, Big River, Burn On" (Quémate, gran río, quémate) se escuchó en las radios de todo el país. Ese mismo año, el Congreso de los Estados Unidos promulgó la Ley Nacional de Política Ambiental (NEPA), declarando una política nacional que alentaría la armonía productiva y deleitable entre el hombre y su entorno.

Paralelamente con esta lenta conscientización ambiental, hubo una oposición cada vez mayor a la participación de los Estados Unidos en la Guerra de Vietnam. Las manifestaciones públicas contra la guerra, particularmente las realizadas en las universidades, impulsaron las ideas de que las acciones individuales harían la diferencia, y que los desafíos organizados al status quo que podían cambiar de hecho la política y la conducta pública.

Gaylord Nelson, entonces Senador por Wisconsin y por mucho tiempo conservacionista , fue una de las personas que entendió que los métodos desarrollados para la protesta contra la guerra bien podían ser eficaces en otras esferas. "En aquel momento", escribió Nelson, "había gran descontento en las universidades a causa de la guerra en Vietnam. Se realizaron protestas denominadas clases anti guerra a lo largo de los centros educativos de toda la nación. En un vuelo desde Santa Barbara a la Universidad de California en Berkeley, leí un artículo sobre tales clases, y de pronto se me ocurrió: ¿Porqué no dar una clase nacional sobre el medio ambiente? he aquí el origen del Día de la Tierra"

Asido a esta idea, Nelson regresó a Washington en agosto de 1969 y empezó a promover el Día de la Tierra entre gobernadores, alcaldes de las principales ciudades, editores de periódicos universitarios y, lo que es más importante, en la Revista Académica, que circula en las escuelas primarias y secundarias de todo el país. En septiembre, Nelson anunció formalmente que habría una clase nacional sobre el medio ambiente en la primavera de 1970. Posteriormente narró lo que sucedió a continuación:

"Los servicios por cable difundieron el artículo por todo el país. La respuesta fue increíble. Actuó como los funcionarios que reprimen el crimen organizado. Telegramas, cartas y llamadas telefónicas llovieron de todo el país.

Con la ayuda del personal del Senado, llevé a cabo actividades relativas al Día de la Tierra fuera de mi oficina. Para diciembre, el movimiento se había expandido tan rápidamente que se hizo necesario abrir una oficina en Washington para servir de centro nacional de distribución de información y atender las preguntas y actividades concernientes al Día de la Tierra. A ese punto, contraté a Denis Hayes y otras personas para coordinar el esfuerzo.

El Día de la Tierra alcanzó lo que yo ansiaba. El objetivo consistió en demostrar una inquietud tan grande por el ambiente a nivel nacional, que sacudiera la arena política. Fue una jugada riesgosa, pero funcionó. Unos veinte millones de personas participaron en manifestaciones pacíficas en todo el país. Diez mil escolares y liceístas, dos mil colegios universitarios y un mil comunidades tomaron parte.

Realmente fue una asombrosa explosión popular. La gente se preocupaba y el Día de la Tierra se convirtió en la primera oportunidad que jamás habían tenido para unirse en una manifestación nacional que enviara un gran mensaje a los políticos: el mensaje de que despertaran e hicieran algo.

Funcionó por la respuesta espontánea y entusiasta a nivel popular. Nada igual había ocurrido antes. Si bien nuestra organización en los centros educativos fue bastante buena, las miles de actividades en nuestras escuelas y comunidades se generaron a nivel local. No contábamos ni con el tiempo, ni con los recursos para organizar a los diez mil escolares y liceístas y al millar de comunidades que participaron. Simplemente se organizaron ellos mismos. Eso es lo notable del Día de la Tierra."

Una legislación federal revolucionaria sucedió al éxito del primer Día de la Tierra. En 1970 se creó la Agencia de Protección Ambiental, seguida por la Ley del Aire Limpio, la Ley de Aguas Limpias de 1972 y la Ley de Especies en Peligro de Extinción de 1973. Entre las disposiciones más ambiciosas de estas leyes se encuentra el requerimiento de que los automóviles utilicen gasolina sin plomo, se adhieran a un mínimo de kilómetros por galón de gasolina y se equipen con catalizadores que reduzcan la cantidad de vapores tóxicos emitidos por los tubos de escape de los vehículos.

El Día de la Tierra pareció desaparecer. Aun cuando continuaron las celebraciones anuales, no lograron equiparar el tamaño y entusiasmo del primer año. El Día de la Tierra se había convertido en una reliquia de las protestas de principios de los años setenta.

Sin embargo, el destello de consciencia generado por el primer Día de la Tierra siguió creciendo. Las organizaciones populares, ahora denominadas organizaciones no gubernamentales u ONG, aumentaron en tamaño y poder. Grupos como Greenpeace, formado en Canadá en 1971, adaptó los principios de la desobediencia civil no violenta para crear consciencia pública en torno a la menguante población de ballenas y los riesgos de la energía nuclear. Nature Conservancy, creada en 1951, se rededicó a principios de los setenta a la preservación de la diversidad natural y comenzó a comprar tierra sin desarrollar para la preservación de la naturaleza.

Instituciones venerables como Sierra Club y la Sociedad Nacional Audubon entablaron procesos enérgicos contra compañías de explotación forestal a fin de desacelerar la destrucción de bosques de muchos años. Las organizaciones no gubernamentales, financiadas mediante aportes del público y conformadas por abogados y educadores, así como científicos y naturalistas, se volvieron vigilantes enérgicos del medio ambiente, al tiempo que educaban al público y enjuiciaban a compañías y gobiernos para obligarlos a cumplir con la legislación que regula todo: desde las emisiones de las chimeneas y la calidad del agua, hasta los hábitats naturales de las especies en peligro de extinción.

En sus casas, los estadounidenses, a menudo instados por sus hijos, comenzaron a separar la basura doméstica para el reciclaje. A finales de los años ochenta, se establecieron programas de reciclaje en muchas comunidades. A mediados de los noventa, estos programas municipales ya rendían retribuciones: la cantidad de basura que se vaciaba, en los rellenos iba en notable descenso, y más de 20% de la basura municipal de los Estados Unidos se convertía en productos de utilidad.

Las corporaciones, bastante conscientes de los deseos del consumidor y del marco de referencia de las ganancias, comenzaron a promoverse como acordes al medio ambiente, al utilizar orgullosamente material reciclado en sus empaques y difundir comerciales por la televisión que hablaban de sus logros en la protección de la Tierra. Más importante fue la adopción por muchas empresas de manifiestas prácticas comerciales que aumentaban la eficiencia v disminuían la cantidad de desecho industrial. Estimulado por los consumidores y las ONG, forzado por la ley a cumplir con las normas en cuanto a calidad de aire y agua, y finalmente al percatarse de que los nuevos métodos podrían de hecho ser rentables, el sector privado aceptó su rol en la gerencia ambiental.

En 1990, el Día de la Tierra se recobró. Encabezado por Denis Hayes, organizador principal del primer Día de la Tierra, el del año 1990 fue internacional, y abarcó empresas, minorías étnicas y funcionarios públicos. Más de 200 millones de personas en todo el mundo, diez veces más que en 1970, participaron en actividades que reconocían que el medio ambiente había pasado a ser, finalmente, tema de interés público y universal. El impulso global continuó en 1992 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (UNCED), celebrada en Río de Janeiro, Brasil, donde un número sin precedentes de gobiernos y ONG elaboraron documentos claves para el desarrollo sustentable de las economías ahora y en el futuro.

En 1995, presenció el XXV Aniversario del primer Día de la Tierra y fue un momento para evaluar el progreso ambiental del último cuarto de siglo. En los países occidentales, las noticias parecían buenas: el aire y el agua eran más limpios, los bosques se expandían y muchos indicadores ambientales también iban en ascenso. Sin lugar a dudas, la combinación en ocasiones volátil de legislación, juicios entablados por las ONG, educación pública y prácticas comerciales más eficientes, había logrado un efecto notable y positivo en el estado del medio ambiente.

Cuán buenas realmente eran estas noticias dependía de a quién se le preguntara. "Las leyes (del medio ambiente)... junto con innumerables esfuerzos privados alentados por la consciencia ambiental... han constituido un éxito sorprendente", escribió el reportero Gregg Easterbrook en la revista The New Yorker. "Tanto en los Estados Unidos, como en Europa, las tendencias ambientales son, en su mayoría, positivas; y las regulaciones ambientales, lejos de ser pesadas y costosas, han resultado ser bastante efectivas, han costado menos de lo previsto y han fortalecido, no debilitado, las economías de los piases que las aplicaron". La revista Environment, dirigida por una ONG importante, ofreció una evaluación más sombría: "El Día de la Tierra... ni ha generado una ciudadanía permanentemente activa, ni ha transformado el malestar general que socava la fe en la responsabilidad democrática. Aunque el movimiento ecologista ha hecho grandes avances desde 1970, institucionalmente así como en la consciencia pública, la seguridad del medio ambiente, en forma de tratamiento justo y la disposición de necesidades fundamentales para todos, sigue siendo hoy más evasivo que hace 25 años".

El caleidoscopio de actividades planeadas para el Día de la Tierra 1997 refleja esta vigorosa fusión de prácticas democráticas en pro del ambiente. La Universidad Estatal de Idaho en Pocatello, Idaho, está organizando un festival de una semana con una Ecoferia de comida, música y exhibiciones, varios foros (los temas comprenden "Salud ambiental: Calidad del aire y del agua en Pocatello" y "Cómo salvar la Tierra con tecnologías para limpiar el medio ambiente"), programas educativos para niños y adultos, y paseos por parajes naturales. Los estudiantes del Liceo Hermon en Hermon, Maine, realizarán talleres sobre el futuro del salmón atlántico en Maine, visitarán una represa donde se ayuda a esta especie en su trayecto aguas arribas y se le suelta en una corriente local donde se cría con ayuda de los estudiantes.

A mayor escala, el Festival anual del Día de la Tierra del Condado de Contra Costa, celebrado cerca de San Francisco, California, es el acontecimiento más exitoso del norte de California y es financiado con ventas de boletos y donaciones de los medios de comunicación locales, empresas, organismos oficiales y organizaciones no gubernamentales. Este año se presentará música en vivo en tres escenarios, áreas temáticas sobre pronóstico del tiempo, aves en peligro de extinción y automóviles eléctricos, así como cantidad de comida ambientalmente sana. Se espera la asistencia de más de 20.000 personas.

A nivel global, la Asociación Nacional de Parques y Conservación (NPCA) contribuye con los grupos ciudadanos de Estados Unidos y el exterior a organizar eventos de Marcha Pro Parques, que beneficien directamente a sus parques locales, estatales y nacionales. Se organizan caminatas en zonas rurales y urbanas para recabar fondos. El dinero así recaudado se destina a parques locales y proyectos de restauración. Celebrados originalmente en 1990, proyectos pasados incluyen reparación de edificios y senderos históricos, plantación de árboles y jardinería, patrocinio de limpieza de parques y programas de reciclaje, así como adquisición de terrenos para nuevos parques. Los organizadores informan que en la Marcha Pro Parques de 1997 se recaudaron aproximadamente dos millones de dólares para parques de la comunidad, involucraron más de un millón de personas, y fue el acontecimiento nacional más grande del Día de la Tierra. Los 50 estados realizaron marchas y nueve países participaron para un total de 1.200 marchas en todo el mundo: la mayor jamas realizada. Los países que participaron fueron Rusia, Canadá, Arabia Saudita, Costa Rica, Brasil, Argentina, Suecia, Finlandia y España.

El Día de la Tierra, que empezó en 1970 como un movimiento de protesta, ha evolucionado hacia una celebración global del medio ambiente y de nuestro compromiso con su protección. La historia del Día de la Tierra refleja el crecimiento de la consciencia ambiental en el transcurso del último cuarto de siglo, y el legado del Día de la Tierra es la noción inequívoca de que el medio ambiente es objeto de inquietud universal.

"No olviden nunca, si quieren que la nación tome grandes decisiones sobre aspectos políticos, que el pueblo es la fuente del poder. Con él pueden hacer cualquier cosa, sin él, nada". Gaylord Nelson, Fundador del Día de la Tierra

Por Tim Brown / United States Information Agency

Fuente: Secretría de Ambiente y Desarrollo Sustentable

sábado, 24 de octubre de 2009

Reciclar Aluminio

Del programa "La Basura Sirve - Rescate Ecológico" propiciado por la Asociación Industrial Química Bahía Blanca (AIQBB):


El aluminio al igual que el vidrio puede ser reciclado infinidad de veces, ya que no pierde calidad en los distintos procesos.


Por qué reciclarlo:


  • Se ahorra un 95% de energía respecto a si se utilizara materia prima virgen (bauxita).

  • El proceso de reciclado es simple, ya que los objetos de aluminio desechados están compuestos normalmente sólo de aluminio por lo que no se requiere una separación previa de otros materiales.

  • Un residuo de aluminio es fácil de manejar: es ligero, no se rompe, no arde y no se oxida, por lo mismo es también fácil de transportar.

Qué latas SIRVEN para reciclar:



  • De bebidas

  • De conservas

Cuáles NO sirven:



  • De aceite de motor sucias

  • De pintura sucias

Cómo prepararlas:



  • Vacialas completamente

  • Aplastalas para que ocupen menos espacio y el proceso sea más eficiente.

Fuente: AIQBB - www.aiqbb.org.ar

Reciclar Botellas de plástico


Del programa "La Basura Sirve - Rescate Ecológico" propiciado por la Asociación Industrial Química Bahía Blanca (AIQBB):


Las botellas de plástico están hechas de Tereftalato de Polietileno (PET). Los plásticos PET, están identificados con el número 1 rodeado de 3 flechas que indican el nivel de reciclabilidad.


Por qué reciclaras:


  • Ocupan un tremendo volúmen de depósito.

  • Demoran entre 100 y 1.000 años en degradarse.

Qué botellas plásticas SIRVEN para reciclar:



  • De bebidas

  • De jugos

  • De agua mineral

  • Bidones de agua

Cuáles NO sirven:



  • Envases de yogur

  • Queso crema

  • De leche

  • Otros plásticos de composición diferente al PET

Cómo prepararlas:



  • Vacialas completamente

  • Sacales la etiqueta

  • Aplastalas para que ocupen menos espacio y el proceso sea más eficiente.

Fuente: AIQBB - www.aiqbb.org.ar

viernes, 23 de octubre de 2009

Reciclar Papel y Cartón

Del programa "La Basura Sirve - Rescate Ecológico" propiciado por la Asociación Industrial Química Bahía Blanca (AIQBB):

Papel y Cartón

Reciclándolos ahorramos un 25% de energía en el proceso de fabricación y salvamos un montón de árboles.

Qué papeles y cartones SIRVEN para reciclar:
  • Papeles en general
  • Diarios
  • Revistas
  • Folletos publicitarios
  • Suplementos gráficos de carácter comercial
  • Guías de teléfono
  • Cajas de cartón
  • Boletas
  • Cartulinas

Cuáles NO sirven:

  • El papel usado (higiénico, servilletas, toallas)
  • Los calcos
  • Los papeles con tratamiento para el agua (que no se mojan)

Fuente: AIQBB - www.aiqbb.org.ar